Un MANIFIESTO ANTICAPITALISTA, de Alex Callinicos .-

viernes, 18 de diciembre de 2009 | | | |
EN ALGUNAS OCASIONES se ha acusado al movimiento antiglobalización de no proponer alternativas al sistema capitalista que tanto critica. La realidad es muy distinta, una de las riquezas del movimiento es la variedad de ideologías que engloba. Desde las opciones reformistas a las revolucionarias, pasando por las ideologías autónomas. Esto hace que sea necesario un debate dentro del movimiento para discutir las distintas alternativas propuestas y llegar a conclusiones de hacia donde debemos avanzar.


El libro Un manifiesto anticapitalista, de Alex Callinicos, nos brinda, en sus palabras, "una argumentación sobre la naturaleza del movimiento internacional contra la globalización capitalista y sobre la estrategia y programa que este debería perseguir".


El propio autor habla de su libro de la siguiente manera: "El que el lector tiene en sus manos es un manifiesto anticapitalista: puede haber, y debería haber, muchos otros. Mis argumentos representan un punto de vista particular sobre el movimiento, un punto de vista (...) influido por la tradición revolucionaria marxista". A continuación exponemos de forma resumida las principales ideas del trabajo de Callinicos aunque, evidentemente, lo mejor es leer el libro.



El capitalismo contra el planeta


Las políticas neoliberales, que empezaron a extenderse a partir de los años 70, fueron adoptadas rápidamente en el ámbito mundial, de manera que en la década de los 90 parecía que no había ningún político realmente influyente que se opusiera a estas políticas. Pero, cuando parecía que se había terminado el debate político y que todo el mundo aceptaba las bases del neoliberalismo, surgió un movimiento de protesta desde las calles de Seattle, en 1999. Este movimiento se ha extendido mundialmente organizando manifestaciones y contracumbres en oposición a las cumbres de los organismos internacionales que representan a estas políticas neoliberales. Y, aunque algunos intelectuales de derechas predijeron la caída del movimiento después del 11 de septiembre, éste ha sido capaz de crecer y evolucionar creando estructuras estables como son los foros sociales mundiales y regionales.



Des de las elites gobernantes se nos dice que el neoliberalismo es sinónimo de un crecimiento económico y que, por lo tanto, la introducción del libre mercado se traduce en la disminución de la pobreza. Éste es un argumento que se puede cuestionar ya desde su propia formulación, bastante atrevida, de afirmar que el crecimiento económico es sinónimo de disminución de la pobreza. Aun así, tampoco está tan claro que la introducción de las políticas neoliberales lleve consigo un crecimiento económico allí donde se aplican. El Centro de Investigaciones Políticas y Económicas (CEPR), en un estudio donde compara las dos décadas anteriores y posteriores a la introducción del libre mercado (1960-80 y 1980-2000) afirma que "con respecto al crecimiento económico y a casi todos los demás indicadores, los últimos 20 años muestran un claro descenso en el progreso en comparación con las dos décadas anteriores."


Para muchos teóricos anticapitalistas, la mayoría de los problemas que plantea el capitalismo derivan de los mercados financieros y el poder que han adquirido en los últimos años. Un ejemplo es la influyente organización ATTAC que incorpora su propuesta en el propio nombre: Asociación por una tasa de transacciones financieras de ayuda a los ciutadanos. Las políticas de libre mercado promueven en las economías emergentes la apertura de sus mercados a la inversión extranjera, haciéndolas más vulnerables a las fluctuaciones de los mercados financieros. Como escribe Callinicos, "Así, como ocurrió en el caso del este asiático, la inversión del capital extranjero tiende a producir una sobreinversión masiva y el desarrollo de un exceso de capacidad productiva a gran escala que reduce la rentabilidad. Cuando los inversores extranjeros perciben esto, el resultado es el pánico y la salida del capital (...) lo que precipita la economía afectada a una profunda depresión." La idea de una tasa sobre las transacciones financieras, propuesta por ATTAC, sitúa el problema en los mercados financieros, no en el propio sistema.




Explotación

Cabe definir que las dos características principales del capitalismo, tal y como Marx sostenía, son "la explotación de los asalariados y la acumulación competitiva de capital." De esto se deriva que el capitalismo es suficientemente competitivo como para que cada capitalista individual se encuentre forzado a reducir los costes de producción al mismo tiempo que necesita invertir cada vez más en nuevos métodos de producción para mantenerse en el mercado. Se produce así lo que Marx denomina la tendencia a la baja de la tasa general de beneficios, responsable de que el capitalismo sea un sistema inherentemente susceptible a las crisis.


La misma lógica de acumulación competitiva afecta gravemente al medio ambiente. La dinámica capitalista utiliza los conocimientos del medio, no para remediar todas las perturbaciones humanas en él, sino para mejorar su explotación sin reparo de las consecuencias (no más del que sea necesario para limpiarse la cara, cuando haga falta). De este modo, la lógica de la acumulación competitiva no causa solo profundas crisis económicas; es también la principal fuerza que subyace al cada vez más amenazador proceso de destrucción ambiental. Atrapados en la lucha competitiva por adquirir una ventaja sobre sus rivales, los capitales avanzan conjuntamente hacia un futuro que presagia un desastre planetario.


Pero el sistema actual engloba geopolítica además de economía, la lucha no es solo una lucha económica entre firmas por los mercados sino también una lucha política y militar entre estados. El ejemplo más actual es la campaña antiterrorista que inició EEUU después del 11-S. La política exterior de EEUU se mueve entre el unilateralismo y el multilateralismo. Para conseguir objetivos imperialistas concretos, EEUU necesita hacer coaliciones con otros estados con los cuales comparte intereses, aunque su objetivo final sea reforzar su liderazgo militar y económico por encima de cualquier otra potencia.


"Los principales problemas a los que se enfrenta la humanidad -pobreza, injusticia social, inestabilidad económica, destrucción ambiental y guerra- tienen origen en el propio sistema capitalista: por tanto, la solución a estos problemas debe ser radical."




Variedades y estrategias


Dentro del movimiento aparecen un sin fin de diferentes propuestas sobre como conseguir un mundo mejor. Alex Callincios, en la segunda parte de "su" manifiesto, esboza las diferentes formas e ideas que el movimiento anticapitalista ha tomado estos últimos años.



Uno tipo de anticapitalismo, a pesar de su aparente contradicción, es el burgués. Su queja no se centra en el capitalismo en si mismo, sino en el tremendo poder de algunos sectores. Las contradicciones aparecen al defender en algunos casos la privatización de servicios públicos si esto se hace de una manera eficaz. Aunque entienden que es necesario presionar a las corporaciones y a los gobiernos, su estrategia se basa en el activismo del consumidor y no tanto las manifestaciones de protesta.


El siguiente es el "anticapitalismo localista", que plantea una de las cuestiones principales del libro. ¿Son compatibles los valores que defiende el movimiento con algún tipo de capitalismo?


El anticapitalismo localista plantea la opción de poner fin a los males del sistema a través de la defensa de una economía de mercado reformada y descentralizada. Sus representantes más famosos son los defensores del comercio justo y muchos activistas del movimiento ecologista. Sus ideas se basan en el poder de los consumidores del Norte para organizarse y promover unas relaciones económicas más justas con el sur. Este comercio localista, no busca la transformación del sistema, sino en redirigir el poder hacia comunidades a pequeña escala, aumentando el poder de la nación-estado.


Callinicos compara esta postura delante el capitalismo con la del socialista utópico del siglo XIX P.J. Proudhon, y señala la crítica que Marx le hizo en su tiempo:"Eso sería como abolir el Papa y dejar intacto el catolicismo" .


El siguiente es el "anticapitalismo reformista" y se caracteriza por la defensa de retornar, como a principios de la posguerra, a un capitalismo más regulado, poniendo todavía más énfasis en la nación-estado, pero situando el problema en una óptica tanto nacional como internacional. Sus representantes más conocidos son ATTAC, con Bernard Cassen y Susan George a la cabeza, que defienden activamente la Tasa Tobin.


Este tipo de ideas, a menudo, llevan a muchos de sus defensores a ver a la Unión Europea reformada como un agente que podría regular el capitalismo (ver página 10). Pero este tipo de regulación, no es suficiente para llegar a los objetivos de redistribuir el capital entre norte y el sur. Además, se tienen que tener en cuenta las propias injusticias y sistemas de coerción de las propias naciones-estado, al defender unos intereses determinados.


Como dice el autor, detrás de todos estos intentos de reformar las instituciones del capitalismo y hacerlas de alguna manera un sistema más humano, se encuentra implícitamente un rechazo a la idea de revolución.


Al contrario que el ala reformista del movimiento que defiende una intervención mayor del estado, el "anticapitalismo autonomista" se caracteriza por todo lo contrario. Por una renuncia al poder centralizado y la visión de una "coalición de coaliciones" descentralizada, que organiza sus protestas en base al consenso, utilizando métodos, como los grupos afines, los consejos radiales o los centros de convergencia como Indymedia.


Uno de los personajes más influyentes dentro de esta corriente de pensamiento ha sido sin duda el Subcomandante Marcos y el movimiento zapatista. Pero Marcos, a veces se acerca más a las posiciones de ATTAC cuando declara:"Los zapatistas creen que en México la recuperación y la defensa de la soberanía nacional forman parte de la revolución antiliberal…es necesario defender el estado frente a la globalización" . Esto se contradice con la postura de otra de las figuras importantes dentro del autonomismo, como es Toni Negri y Michael Hardt, con su libro Imperio, donde declaran que hasta en su vertiente más progresista, los movimientos de liberación nacional han tendido a reprimir a la "multitud".


Estas contradicciones, en la mayoría de los casos, no son nunca afrontadas por los autonomistas, en parte a causa de un uso del lenguaje muchas veces demasiado metafórico y confuso, que evita muchas cuestiones centrales, como por ejemplo como afrontar la cuestión del estado.


El último tipo sería el "anticapitalismo socialista". La idea de que el socialismo es la alternativa a cualquier tipo de capitalismo, a causa de la crisis en que entró la izquierda a finales de los ‘60 y más aún con la caída del muro de Berlín, tiene por el momento poca aceptación dentro del propio movimiento. Pero si es cierto, que a medida que éste ha ido avanzando, se ha hecho un hueco dentro de él.


El socialismo es una alternativa creíble y posible. Aún hoy, la clase trabajadora organizada es el agente decisivo para la transformación social.


Por todo esto, para Callinicos, es una tarea de los propios socialistas demostrar que esta concepción del mundo, no solo conecta con este nuevo movimiento, sino que es necesaria para hacerlo avanzar.




¿Reforma o revolución?


Aunque el movimiento anticapitalista es algo nuevo, éste se ha tenido que enfrentar a menudo a viejas discusiones y debates, que en la mayoría de las ocasiones se basaba en el ya clásico debate entre reforma o revolución.



Los poderes establecidos básicamente pueden dar, según Callinicos, dos respuestas al movimiento que surge desde abajo: la represión o la incorporación de éste.


De momento estas respuestas por parte de las clases dirigentes se han ido intercalando según el momento y según de quien procedieran.


Con la incorporación Callinicos se refiere a los intentos, principalmente de la socialdemocracia, de llevar al movimiento hacia sus postulados. Así lo demostraron muchos líderes socialdemócratas asistiendo al segundo Foro Social Mundial en Porto Alegre. Sin duda esta atención por parte de muchos sectores del establishment refleja el gran impacto del movimiento anticapitalista a nivel mundial. Ante estos intentos, lo peligroso sería que mucha gente se desmarcase del movimiento, precisamente dejándo libre el camino para que sucediera su assimilación. Para Callinicos, es importante estar ahí para discutir con los sectores socialdemócratas y ganar a la gente a las ideas más radicales de movimiento.


La otra opción que poseen las clases dirigentes es la represión, como se vió en las protestas de julio del 2001 en Génova, en las que un manifestante murió por el disparo de un carabineri (policia militar italiana).


La represión también plantea dificultades para el movimiento, sobretodo de cómo afrontarla.


Como afirma Callinicos:"el Estado, en tanto que violencia organizada y concentrada, actúa como la última línea de defensa de las relaciones de propiedad capitalista" . Génova planteó la cuestión sobre de que modo el movimiento puede enfrentarse a un poder tan centralizado y fuerte como el de los estados capitalistas, sin reproducir a su vez estructuras jerárquicas y autoritarias de estos estados.


Solo con el entusiasmo, la fragmentación y la dispersión para esquivar el estado, no es suficiente. Ha decir verdad, estos conceptos no ayudan demasiado para esquivar algo que, como pasó en Génova, te pasa literalmente por encima cuando se encuentra acorralado.


Por último el tema de la clase y el poder es un punto clave en el libro de Callinicos.


El propio desafio al sistema capitalista se tenía que encontrar más pronto o más tarde con el problema del imperialismo y del poder militar en relación con el sistema económico mundial.


¿Cómo nos podemos enfrontar a un poder tan grande y cuales serán nuestras armas?


Según el autor, ya es hora de enterrar el concepto de que la clase social ya no existe, tan potenciado estos últimos años,


La posición de la clase trabajadora en el propio sistema capitalista de producción, le confiere un poder estratégico clave. Al ser una parte esencial del funcionamiento del sistema, posee la opción de colectivamente, parar, reorganizar y controlar la producción, y de esta manera proporcionar a todo el mundo lo que necesita.


Pese a ello, Callinicos afirma:"el reconocimiento del papel estratégico de la clase trabajadora organizada no tiene por qué representar una amenaza para la muy apreciada diversidad del movimiento anticapitalista" . La demanda de justicia global del movimiento, no es una demanda exclusivamente para los trabajadores, sino para que todo el mundo pueda tener acceso a los recursos necesarios para vivir.


Lo que está claro es que para Alex Callinicos, si el movimiento anticapitalista no consigue el apoyo de la mayoría de los trabajadores y integrarlos en esta lucha por un mundo mejor, el anticapitalismo está condenado al fracaso.


De toda maneras, Callinicos cree que el movimiento necesita un marco en el que todas estas polémicas se pueda discutir y desarrollar, a pesar de las diferencias, sin comprometer la unidad del propio movimiento.




Imaginando otros mundos


En esta última parte del libro, Callinicos nos explica su propuesta de este otro mundo posible. En primer lugar, un nuevo tipo de sociedad tendría que obedecer a una serie de principios y valores: justicia, eficiencia, democracia y sostenibilidad.



Para conseguir respetar este primer principio la sociedad tiene que garantizar un acceso igualitario de los individuos a los recursos necesarios para una vida digna. El valor de justicia está así ligado a los de igualdad y solidaridad.


Pese a que pueda sonar extraño, el principio de eficiencia tiene bastante importancia Solo utilizando una alta capacidad productiva, utilizando mecanismos de eficiencia, es posible sustentar al máximo las necesidades humanas y garantizar de esta manera los otros valores.


Democracia es también una de las principales reivindicaciones del movimiento ante la dictadura económica que ejercen las multinacionales y las instituciones financieras. Es necesario revitalizar el significado actual de esta palabra, democratizar los procesos económicos y descentralizar el poder.


El último principio que se debería tener en cuenta es el de sostenibilidad, es decir, no gastar los recursos por encima de su regeneración ni contaminar el planeta sin permitir al medio ambiente la asimilación de los residuos. El paso más urgente en esta dirección es frenar el calentamiento global.


El sistema de libre mercado es incompatible con estas demandas. Bajo el capitalismo, los individuos no disfrutan de un acceso igualitario a les recursos, las enormes concentraciones de poder económico impiden el control democrático y la acumulación competitiva es incapaz de mantener el equilibrio ecológico. Las soluciones de compromiso entre el capitalismo y estos valores no son viables. Una forma más regulada de capitalismo a nivel estatal, como proponen algunos sectores moderados del movimiento, al estilo de Alemania o Japón en los años ‘50 es incompatible con la actual fase económica, pues cualquier desafío por parte de un país recibiría la fuerte presión de las instituciones financieras globales. También se tiene que tener en cuenta que la fase regulada del capitalismo en la posguerra no fue estable. En el momento que cambiaron las necesidades económicas se empezó a desmantelar el sistema de protección social.


Existe pues, una tensión continua entre las necesidades económicas de explotación y acumulación y las estructuras institucionales que imponen su restricción para suavizar los conflictos sociales. La salida que se plantea es reemplazar el capitalismo "con algo mejor".




Por qué necesitamos planificar


Una característica fundamental para articular este mundo mejor sería la planificación socialista. Por ella se entiende la asignación y el uso de los recursos en base a mecanismos de decisión colectiva democráticos. Para que una sociedad así pueda funcionar necesita tener una dimensión internacional -un estado aislado no podría sobrevivir ante los ataques del capitalismo- que también permitiría redistribuir la riqueza en el planeta.



Por poner el caso del cambio climático. Los EEUU, con un 5% de la población, consume el 25% de los recursos energético, pero en cambio serán las zonas del sur las más afectadas. Sin unos mecanismos de planificación global esta situación no se podría resolver.


Las objeciones a la planificación socialista, considerando que es centralista y por lo tanto antidemocrática e ineficiente suelen tomar como ejemplo la URSS. Pero no hay motivo alguno por el que se tenga que repetir aquel modelo. De hecho, es posible utilizar mecanismos de coordinación negociada que permiten aprovechar el conocimiento local y la descentralización de las decisiones, y una coordinación a escala global que ayude a la planificación. La coordinación negociada implicaría que más gente participaría en los procesos de decisiones, ayudando a repartir el poder y democratizarlo. Estas ideas entroncan con el concepto de democracia participativa.


Un requisito indispensable para la planificación democrática es la propiedad social de la mayoría de los medios de producción. Sin ella no se podrían tomar decisiones colectivas que afectasen a las relaciones económicas.


Una vez planteada la alternativa, aparece la importante cuestión de cómo llegar a ella. Justamente, el capitalismo actual esté avanzando en la dirección opuesta a lo propuesto. Para conseguir subvertir esta lógica Alex Callinicos habla de la necesidad de organizar una lucha de masas exigiendo medidas que empiecen a priorizar las necesidades sociales.


El autor propone una lista de este tipo de medidas, lo que llama un "Programa transicional", que abarca cambios en el sistema financiero como la cancelación de la deuda externa y la introducción de la Tasa Tobin; medidas sociales como la introducción de la renta básica universal, la reducción de la semana laboral o la abolición de los controles de inmigración; o la disolución del complejo militar-industrial y la prevención de la catástrofe natural, entre otras.


La lucha por conseguir estos cambios desafía la lógica del capitalismo, por lo que una vez conseguidas algunas reformas en un país, el mercado empezaría una serie de ataques como fuga de divisas y especulación contra la moneda. El movimiento podría entonces reaccionar cooperando para restablecer "la confianza" dando marcha atrás a las medidas o, como dice Callinicos, "seguir presionando en contra de una creciente resistencia por parte del capital nacional e internacional que con el tiempo vaya tomando la forma, no ya de sanciones económicas, sino incluso de acciones para destruirlo físicamente" . Esta segunda opción, al superar los marcos establecidos, implicaría una revolución.


Una revolución puede ser, en lugar de la visión que tienen algunos de catástrofe acompañada de gran sufrimiento humano, un proceso de crear formas colectivas y democráticas de poder en medio de la lucha por subvertir la lógica social.


En un sistema en que las necesidades del capital chocan sucesivamente con las necesidades humanas, la prueba de fuerza es inevitable. Pese a ser un camino difícil, es necesario emprender el proyecto revolucionario, el cual -para terminar con palabras del propio autor- "es la única opción abierta a todo aquel que no esté dispuesto a conformarse con la injusticia, el sufrimiento y la destrucción a los que el actual sistema ha condenado al mundo".



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Nota sobre el autor

Alex Callinicos es un miembro destacado del Socialist Worker Party (SWP), el partido de la izquierda radical más importante de Gran Bretaña. El autor ha escrito varios libros entre los que destacan Igualdad, Contra la tercera vía y Las ideas revolucionarias de Karl Marx. En lucha ha publicado varios de sus textos sobre imperialismo en forma de folletos.


Tanto el SWP como En lucha forman parte de una corriente política llamada Socialismo Internacional (Internacional Socialist Tendency), que se encuentra en unos 25 países. Algunos de sus principios destacados son la defensa de que la emancipación de la clase trabajadora sólo puede ser obra de ella misma, la oposición al modelo de capitalismo de estado de los mal llamados países "comunistas" o el compromiso con las luchas desde abajo para llevar adelante una lucha contra el capitalismo. Los diferentes grupos que integran la corriente participan en sus países en la construcción y fortalecimiento del movimiento anticapitalista y antiguerra.






Me resisto a que las explotadas y oprimidas sigamos siendo "anotaciones al margen" de la historia; "llevamos un mundo nuevo dentro de nosotras, y ese mundo crece a cada instante".  Es el momento de escribir nuestra propia historia: conciencia, organización y acción...

El Estado es el rostro de la DOMINACIÓN.-



1 comentarios:

Segio AMBA dijo...

1) Iluminista autoritario, se nota en sus prioridades de diálogo: seducir e iluminar (acercarse) a la socialdemocracia "radical" (sic.), luego seducir e iluminar (estigmatizar, destruir) al autonomismo a partir de un supuesto límite estratégico señalado por Génova.

2) Evidentemente, en esta sinópsis fue señalado y luego ocultado el tema político fundamental del socialismo y el anticapitalismo: la abolición y la superación del Estado. (Ocultamiento estratégico para estos partidos dizque anticapitalistas pero que en realidad son cuasi derivación de la socialdemocracia "radical" (sic.)

3) Sobre la creación de la Otra planeta Tierra... no podrá constituirse sino a través de la revolución mundial, esto es a través de la superación del Estado (no sólo del Estado-nación). Es imposible amar por vía de la devastación, hacer la revolución por vía Estado.

4) Sobre la creación de la Otra planeta Tierra... su cultura, deseamos, sea autonómica y libertaria, contracultural y profunda. Teóricamente, por ejemplo, economía política libertaria y comunitaria (¡que no vengan estos falsos socialistas a reiterar esa angustia de oh... cuán difícil planificar... iniciemos por una "necesaria coordinación a escala global" o un "programa transicional", en definitiva figuras de su estatalismo!); prácticamente, por ejemplo, la Araucanía, la Amazonía, Chiapas, Guerrero y Oaxaca.

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